viernes, 20 de enero de 2012

Decir adiós duele tanto…

Cuando te despides del ser amado, sabiendo que nunca volverás a estar a su lado, es un sentimiento de dolor, culpa, frustración, pero sobre todo tristeza, para la cual no existe cura, el amor ha estado presente en la humanidad desde tiempos inmemoriales, definido de distintas formas según la cultura, inspiración de poetas, músicos y artistas, opio de los bohemios, reinos enteros han caído por el amor, tan solo recordar ejemplos literarios como son Salomón y Paris, cuyo amor llevo la desgracia a su reino.

La cura que siempre dicen pero nunca aplican, el tiempo; dejar pasar el tiempo, hasta que el recuerdo se esfume y se convierta en un espejismo de algo que no pudo ser. Pero cuando uno escucha eso, solo puede pensar en que el tiempo es ineficaz, pues cuando el sufrimiento es grande las horas transcurren tan lentas.

Como remedio a mi padecimiento, recordé el valor de los símbolos, ya que representan de manera grafica algún elemento, de esta forma llegó a mi esta siempre solución:

Hoy hice un barco, al cual puse tu nombre, deje que el rio lo arrastrara, dejando el barco en libertad, esperando que este simple acto, pueda dar paz a mí agitado corazón.